En la actualidad consideramos que el principal causante de la contaminación ambiental, del deterioro ecológico y del cambio climático es la motorización de la vida.
Sin embargo la motorización de la vida, fue la solución a otro problema que existía a finales del siglo XIX y principios del XX.
La primera conferencia internacional sobre planificación urbana se realizó en 1898 en Nueva York y aunque parezca extraño el tema que preocupaba era la bosta de caballo.
Durante el siglo XIX muchas ciudades comenzaron a aumentar su población ya que en las urbes eran el lugar indicado para trabajar, y para generar riqueza. Las muchedumbres abandonaban el campo natal porque las industrias y servicios que generaban empleo estaban en la ciudad.
En las ciudades vivían millones de personas y el principal medio de transporte era el caballo, ya sea montando, con carruajes, diligencias, o sulkys.
Todo se hacía con los caballos: con ellos se recogía la basura, ellos servían para tirar las carrozas fúnebres, gracias a ellos los médicos visitaban a sus pacientes, las comunicaciones postales también se concretaban gracias a estos animales, las princesas o reinas saludaban a la plebe desde su carruaje tirado por caballos, etc.
Sin embargo no todo era color de rosa: en el año 1900 morían muchas personas en accidentes relacionados con caballos, inclusive en algunas ciudades más cantidad de personas de las que mueren en accidentes de autos. Por ejemplo en Nueva York en 1900 se morían uno de cada 17.000 neoyorkinos, mientras que en 2007 sólo uno cada 30.000 habitantes.
Otro de los problemas que generaba el uso masivo de caballos era el estiércol que ellos generaban. Pensemos que había más o menos 200 mil caballos, los que generaban unas 2 mil toneladas de estiércol.
En Buenos Aires, por ejemplo, en 1810 todos los patriotas tenían sus caballerizas propias: Moreno, Rosas, Saavedra, Escalada, Paso, Alzaga, etc. Todas ellas ubicadas entre la Catedral y San Telmo.
En conclusión caballos por todas partes, y en consecuencia mucho estiércol. Generalmente en los costados de la calle se apilaba la materia fecal de los caballos, las cuales podían llegar a medir hasta 18 metros de altura.
Pero el problema se agravaba cuando llovía ya que esta pila se convertía en una sopa pestilente que se desparramaba por toda la ciudad e invadía los sótanos, provocaba la concentración de moscas y ratas, animales vectores de una gran cantidad de enfermedades.
Por este motivo la planificación urbana era la siguiente: las casas debían ser construidas con una entrada elevada para evitar que los vahos del estiércol lleguen directamente a la población.
Por lo tanto en esa primera conferencia internacional sobre planificación urbana de 1898 no se encontró una solución al problema del estiércol, sino que la respuesta se produjo gracias al desarrollo del automóvil, el tranvía eléctrico y el ferrocarril. Puede decirse que los vehículos a motor no sólo no perjudicaron al medioambiente, sino que salvaron literalmente el ecosistema humano del Siglo XIX.
Estos datos fueron extraídos del libro “Superfreakonomics” de Steven Levitt y Stephen Dubner.
Fuente La Nación
